jueves, 21 de enero de 2010

ACTITUD FRENTE A LA ADVERSIDAD

Poder vislumbrar un nuevo horizonte aún en medio de las adversidades requiere necesariamente saltar la valla de lo inmediato y ejercitarnos en la meditación, en la reflexión y en la introspección, esa aptitud humana tan necesaria en los momentos más difíciles.

Las dificultades con que nos encontramos en nuestra vida diaria, que ocupan una amplia gama de conflictos y sufrimientos exigen nuestro esfuerzo cotidiano, y a menudo, ocupan la mayor parte de nuestras energías y nuestro tiempo quitándonos la posibilidad de vislumbrar el autentico sentido de la vida.

"El ser humano tiene la peculiaridad de que no puede vivir si no mira al futuro" y esto genera toda una filosofía que requiere de nosotros la mayor predisposición para afrontar el presente sin perder de vista nuestros grandes objetivos y anhelos.

Que el árbol no nos impida la visión del bosque implica mantener la perspectiva que facilita sostener con decisión el timón de nuestra vida hacia el rumbo escogido por nosotros.

Mirar el futuro a partir de nuestros proyectos, aspiraciones, anhelos o simplemente a partir de quienes nos necesitan a su lado implica llenarnos de la energía que revitaliza nuestro físico y reconforta nuestro espíritu.

El pesimismo, la falta de esperanza y la sensación que nos invade cuando no hallamos las salidas a nuestras dificultades tienen su punto de partida en la actitud que cada uno asuma frente a la adversidad, actitud que puede darnos la oportunidad de tomar el control de la situación y no a la inversa, asumiendo con dignidad y responsabilidad el desafío que la vida nos impone, aun cuando no haya alternativas.

La vida constituye una verdadera escuela para el espíritu, llena de lecciones que aprender y cada una de sus existencias tiene por lo tanto un significado trascendente, no sólo a partir de nuestras realizaciones sino también de nuestras privaciones, luchas y sufrimientos.

“Nadie puede ir mas allá de una lección no comprendida”

Todo ello nos ejercita en el desarrollo de aptitudes y capacidades para nuestra evolución, compensando nuestras carencias materiales y espirituales.

No existen dos vidas iguales. Cada vida es distinta porque cada espíritu la ha forjado a partir de una historia diferente. Ser conscientes que somos únicos e irrepetibles es lo que nos hace comprender la diferencia en cada situación y en cada desafío.

Nadie puede ocupar nuestro lugar y somos nosotros quienes debemos encontrar el sentido a nuestro esfuerzo y a nuestra lucha. La llave está en nuestra actitud frente a la adversidad siendo los únicos responsables de nuestros actos, de nuestras obras, de lo que decimos de lo que hacemos y también de lo que dejamos de hacer.

La humildad de nuestro proceder, la confianza en nuestros valores y en nuestro potencial interior para alcanzar nuestros deseos y anhelos, el amor de los seres queridos y el servicio a los demás sin esperar nada a cambio, son algunas de las herramientas con las que podemos contar para encontrar el sentido a nuestras experiencias a lo largo de toda nuestra vida.


E.P.L.

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